“Cuando
oigo hablar de cultura quito el seguro de mi pistola", una frase atribuida
en polémica a Hermann Goering, el creador de la terrible Gestapo de los nazis. De
alguna forma nada descabellada en nuestros tiempos, podría cambiar a “Cuando
oigo hablar de cultura dejo de oír y leer”
Hablar de Cultura es meterse en un terrero difícil de
abarcar, desde el análisis propio de la
conceptualización del término hasta la forma
misma de evaluación de los indicadores culturales,
que en materia de política pública son los que facilitan la toma de decisiones. Todo esto
convierte a la cultura en uno de los tantos ejes transversales de la
existencia del ser humano y de la sociedad. Quizás por ello la cultura se limita a cuando se habla de lo artístico y humanidades, o cuando se
invoca los saberes, creencias y conducta de una comunidad.
La cultura derrocha debates
por cuanto cada uno tiene su propio interés e interpretación, pero no no debe ser asi,
menos cuando realmente es uno de los instrumentos para generar identidad y pertenencia
social, los valores, los orgullos, las tradiciones, los símbolos y los modos de
comportamiento son elementos que deben compartir una comunidad, y es aquí donde
los códigos, las normas y hasta los
rituales hacen su trabajo. La cultura es dinámica y gran parte de ella se
construye en sus dimensiones política y sociológica, y otra parte es heredada
en sus dimensiones artísticas y antropológicas.
En resume la cultura es la
producción, circulación y consumo de formas simbólicas, al final es lo que la gente siente y expresa, pero ojo
debe producirse, debe circular, debe consumirse. Aquí es donde me detengo, ¿es
la forma como estamos produciendo cultura?. Sin duda este es uno de los
sectores que mayor podría mostrar avances en la administración pública. Pero no
me refiero a avances institucionales, me refiero al debate y a la concreción de la visión cultural del municipio. Para poder
producir cultura debemos saber qué es lo que queremos que la gente consuma.
Para eso debemos diagnosticar,
estudiar y planificar, planteo entonces que no se sigan los debates vagos e
inocuos de todas las reuniones, cuando tenemos la oportunidad de proponer una visión
cultural al municipio. Es ahora que se puede hacer, no cuando falte tres meses
para noviembre o un mes para el 2 de febrero. ¿Qué hacer con nuestras fiestas y
ferias? Una corporación, entonces donde está el proyecto. ¿Cuál es la apuesta
en la formación cultural? La Escuela de Formación, entonces como la
fortalecemos y la ponemos en circulación. ¿Cuál es el plan para la identidad y
pertenencia cultural y social?. ¿Quién escribe y describe nuestra historia y
con qué medios la hacemos reconocer?. ¿Cómo brindamos espacios de reconocimientos
a la ciudad?. ¿Cómo organizamos y fortalecemos nuestra agenda cultural?. ¿Qué dirección
tiene el sistema y la política cultural del municipio?. ¿Cómo dinamizamos
nuestra Magangueleñidad? Y final ¿Cuál es el propósito de lo que hacemos hoy?.
Propongo llamar un escenario
donde podamos responder a estas y otras preguntas, como quien dice pongámonos de
acuerdo, produzcamos cultura para que nuestros ciudadanos “de a pie” sepan lo que se quiere. Aclaro, este propósito no
debe estar limitado al contenido en signos pesos de los recursos del gobierno
municipal en el rubro de cultura, es un propósito que abarca trasversalmente el
recoveco del magangueleño y el campo de acción de todos y todas.