Mientras el presidente Santos
anuncia que va por la reelección, el país ha quedado atónito por el tamaño de
las denuncias de cómo se movía el carrusel de las contrataciones y en general
la corrupción en Bogotá en las narices de la prensa nacional y de los órganos
de control, que de pasó están tan agarrados entre ellos mismos que no ven o dejan
pasar cualquier elefante.
El tema de la corrupción ha
tomado unas dimensiones catastróficas para el país. Se puede leer en el Informe
de Competitividad 2013-2014 que Colombia sigue siendo un país con altos índices
de corrupción no solo pública, sino privada. Acorde a los índices
internacionales Colombia ocupa el puesto 129 entre 148 países en el indicador
que mide la desviación de recursos públicos, el 97 en el indicador que mide los
pagos irregulares o sobornos, el 109 en el que mide el favoritismo en las decisiones
públicas y 106 en el despilfarro del gasto. Mientras que el Anuario de Competitividad
2013 ocupamos el puesto 41 entre 59 países sobre prácticas éticas en el sector
privado.
Las recomendaciones
internacionales es que nuestro país tiene que hacer ingentes esfuerzos para
luchar contra la corrupción, desde el punto de vista que es un factor
determinante para hablar de competitividad. Pero esos tentáculos también se
sienten muy fuertes en los presupuestos municipales. La tentación de la
corrupción no tiene excepción de color ni ideología política ni religiosa, y
desde hace largos años los magangueleños la hemos visto campear, nos las han
pasando por las narices.
En ese sentido, el Índice de
Gobierno Abierto (IGA) 2011 – 2012 que realiza la Procuraduría General de la
Nación como una estrategia preventiva de monitoreo de normas anticorrupción en
la gestión pública, ubica al municipio de Magangué entre 1.133 alcaldías, en la
posición 995 a nivel nacional y 25 a nivel departamental.
Y de cientos de denuncias, entre
procedimientos, papeleos y algo más se quedan la mayoría. Pero como también se
puede leer en el informe de la Competitividad, no solo es la administración
pública, sino los casos abundan en los pasillos de la rama judicial, las
autoridades militares, etc, y no se quedan atrás las practicas non santa del
sector privado que ha corroído aún más el sector público, por convertirse en un
aliado y socios estratégicos de los corruptos.
La corrupción está galopando y
muy fuertemente, se extiende; la nueva estrategia anticorrupción del gobierno
parece estar en pañales, ni cualquier otro organismo creado, ni las IAS perecen
detener los vericuetos de la corrupción. Mientras Santos ayer no dijo nada
sobre la corrupción, por las gobernaciones y las alcaldías buscan “la eficacia”
del sector privado para otros carruseles de la contratación.