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El status de la política mafiosa


La política se refiere a los asuntos de la ciudadanía, un ejercicio del poder que tiene como finalidad el bien común o en apariencia así lo es. Aunque es la lucha por el poder la que desencadena una serie de conflictos en la convivencia de la ciudadanía que debieran ser resueltos precisamente por la política, así de complejo o de fácil es el asunto dependiendo el cristal con que se mire la cosa.

Mientras exista sociedad la actividad de la política se ira moldeando a las circunstancias, todo en ella pasa, individuos, partidos, sistemas, propuestas, caras, ideologías, discursos, reglas  y hasta guerras y amenazas.

El modelo de la política electoral impuesto a nuestra sociedad es de lo más parecido al modelo mafioso. Actuar como mafioso no es ser narcotraficante; es comportarse según el modelo de la mafia: la regulación que guía no es la ley sino la familia, todo se compra con billete y billete es poder.. Ser mafioso era denominarse hombres de palabra, era emplear una serie de códigos de honor, como la ley del silencio por ejemplo. Eso parece describir a muchos que hacen de la política su negocio particular, el  ser elegido para estar vinculado en los contratos estatales y las administraciones de turno hace parte del juego.

Una actuación que se pone de manifiesto en todo su esplendor cuando llega la  lucha por el poder, dinero, familias, silencio, pactos malévolos, y demás. Es la otra cara no mostrada al público pero de la que todo el mundo sabe de qué así actúa los nuevos políticos mafiosos.

Ver candidatos  cambiar un partido político tan fácil como cambiarse de ropa, es una demostración de lo mal que lo pasa la política. Esta gente no busca los partidos por un precepto ideológico o por la defensa de una idea, se busca por los pactos corruptos que se logran. Es también quizás el mayor daño que ha se ha recibido. Esa cultura de política mafiosa  conlleva que los malos de ayer se disfracen y sean los buenos de hoy y que de alguna forma se acepte.   

Por todo esto la percepción de la política no ha salido indemne, la han golpeada fuertemente, de la narcopolítica a la parapolítica o a la farcpolítica, todo parece que se ha revuelto y ya los discursos de los más puritanos son escuetas demostraciones de lo que dicen pero que no hacen. Partidos cuestionados que se desintegran y por operación avispa podrían fortalecerse en el manto de otros partidos.

Frente a eso la ciudadanía debe tomar una decisión. Pero mucho me temo que estas próximas elecciones al Congreso de la República el sattus de la política mafiosa va a imperar, no como resultado de un pueblo entregado sino como resultado  de un sistema que nuestros dirigentes han permitido sin asombro alguno, sin contradecir más bien aprovechándose de él. Usted, yo, cualquiera tendrá que tomar una decisión, sabe a qué me refiero. Quise hablar sobre los movimientos y las actuaciones de los partidos,  candidatos y dirigentes, es decir la cosa política que nos toca en Magangué y el departamento de Bolívar, seguramente lo hare en una próxima, pero al momento de escribir, entre más desenredaba los apoyos políticos mayor se identificaba el título de esta columna.
 

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