Parece que la destitución de Gustavo
Petro es la gota que lleno el vaso. Me refiero a la actitud del procurador
Alejandro Ordoñez, un constante abuso de poder y autoritarismo demostrado,
respaldado por una normatividad ligera que deja al ojo de esta autoridad la
medición de sus decisiones.
Los más de 1.000 servidores
públicos que han sido destituidos o sancionados por la Procuraduría, ninguno ha
tenido el alto perfil de Petro, sumado esto al motivo que produjo la sanción
(ir en contra de una reconocida situación leonina para Bogotá), además de la
sanción misma, ¿inhabilidad por 15 años por un procedimiento administrativo? y
no considerar la naturaleza de las medidas tomadas, y además sumamos quien es
su sancionador… el controversial Ordoñez. Hacen de esta sanción el boom de
indignación pública contra la “santidad” del Procurador. Toda esta actuación
tiene un tufo a una monumental injusticia, con corte politiquero, más allá de
que el sancionado sea de izquierda o de derecha, que nada tiene que ver, lo que
el pueblo colombiano está observando es que el representante del ministerio
público esta pasado de la raya hace rato.
Por supuesto que es urgente
revisar no solo las facultades que tiene la Procuraduría para suspender y
sancionar a los elegidos por voto popular, sino también una jurisprudencia que permita
diferenciar claramente los procesos por delitos contra la administración
pública. Los procesos y sanciones no pueden ser al ojo interpretativo del
acusador, un supuesto sesgo doctrinario y procesal sin derecho a cualificar las
actuaciones; algo parecido ocurrió con
la injusticia cometida contra Piedad Córdoba, por ejemplo, entre muchos
tantos.
A parte de las supuestas razones
jurídicas y administrativas de fondo en el caso Petro, Ordoñez está llevando a
la procuraduría a ser vista como una inquisición, donde los resultados es la
cantidad de sanciones que se produzcan, como también a ser un fortín al
servicio de las políticas de ultraderecha, alejado totalmente de lo que en
verdad significa la misión de la Procuraduría.
Esta gota además va a servir para
canalizar políticamente la indignación de este país. Lo dijo Petro y
seguramente así va hacer, nació con el fallo del procurador un movimiento que
se verá reflejado en los próximos comicios electorales. No era claro el
panorama de una tercería, la división se hacía más radical, ahora se ha
encontrado un punto de apoyo para unificar criterios y saber presentarse al
reto de las elecciones.
Un total apoyo merece la batalla
que está dando Petro contra el desenfreno del Procurador, pero ciertamente es
la batalla de Colombia por el restablecimiento de la democracia y la defensa
justa de los derechos de la ciudadanía.
Colombia merece autoridades,
líderes y dirigentes con mentalidades totalmente diferentes. Proactivos en la
construcción de la nueva visión para el país que anda en procesos de
reconciliación. Igual Magangué merece estar en actitud de defender la
democracia y apoyar a quien siempre ha estado aquí para respaldarnos o tomar
posición frente a lo que nos ha pasado.
